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La inteligencia artificial (IA) es un campo de la computación que busca diseñar y desarrollar sistemas capaces de realizar tareas que, si fueran hechas por humanos, requerirían de inteligencia. De acuerdo con Stuart Russell y Peter Norvig en su influyente libro Artificial Intelligence: A Modern Approach (1995, 2010, 2021), la IA puede definirse desde cuatro perspectivas principales:
Sistemas que actúan como humanos: buscan emular comportamientos inteligentes, como el famoso test de Turing.
Sistemas que piensan racionalmente: se basan en la lógica y en procesos de razonamiento formal.
Sistemas que actúan racionalmente: se centran en agentes que perciben su entorno y actúan de manera óptima para alcanzar sus metas.
En la práctica moderna, la IA suele enfocarse en este último enfoque: construir agentes racionales que puedan aprender de los datos, adaptarse y tomar decisiones de forma autónoma. La IA ya está transformando la forma en que interactuamos con el mundo, dotando a las máquinas de mayor inteligencia y capacidad, y abriendo nuevas posibilidades para la innovación en ciencia, industria, salud y sociedad.
IA general (hard): un tipo hipotético de inteligencia artificial capaz de realizar cualquier tarea cognitiva que un ser humano pueda desempeñar, con la misma flexibilidad y capacidad de adaptación.
Hoy en día, los avances en modelos grandes de lenguaje (LLM), visión por computadora y robótica sugieren que estamos progresando hacia capacidades cada vez más amplias y versátiles. Algunos investigadores consideran que ciertos sistemas actuales muestran destellos de una futura IA general. Sin embargo, no podemos afirmarlo con certeza: aún existen limitaciones fundamentales en la generalización, el razonamiento de sentido común y la autonomía. La IA general sigue siendo un ideal teórico y un desafío abierto, más cercano que nunca, pero todavía fuera de nuestro alcance definitivo.